Archivos de Junio de 2006

Sintonizando

30 de Junio de 2006

4. Una historia muy común

29 de Junio de 2006

…y continuó el ascenso.

Viví­a en el cuarto piso. Un largo pasillo daba paso a la “L” que formaban el comedor y el salón y, a final del mismo, su habitación. La luz del alumbrado entraba por los balcones. Cualquiera hubiese podido recorrer el apartamento y ganar el dormitorio sin necesidad de encender una sola lámpara. Y más ella, que repetí­a este trayecto a diario, desde que llegara a la ciudad hací­a más de nueve años.

Dejó el bolso sobre la cama. No la habí­a deshecho en más de veinte días. Veintisiete, exactamente. Al dí­a siguiente Rafaela le llamarí­a de nuevo para preguntarle: “¿Estás bien? No has deshecho la cama, niña”. Siempre habí­a pensado que lo que pretendçi­a era inmiscuirse en su vida; saber si habí­a dormido en casa o dónde habí­a estado esa noche o con quién la habí­a pasado. En fin…

Sonó el móvil. Se giró hacia el bolso y vaciló. Finalmente se abalanzó sobre él y empezó de nuevo el ritual. Hurgó durante unos segundos, pero perdió la paciencia; cogió el gran saco por su parte inferior y lo sacudió dos veces. Por la cama se esparció su contenido. En la pantalla del móvil parpadeaba un nombre: “Carlos”.

Viva la jornada extensiva!

28 de Junio de 2006

Firmado: La Dirección

Alcalá, 46

27 de Junio de 2006

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3. Una historia muy común

25 de Junio de 2006

…la risa de Sofí­a siempre le producí­a ese efecto.

Comenzó a caminar. La gran avenida ascendí­a en curva entre edificios de principios de siglo cubiertos de andamios. Giró a su derecha en la primera bocacalle, demasiado estrecha, apenas suficiente para albergar las aceras y una calzada unidireccional. Pensó que nunca la habí­a visto sin coches aparcados. Seguramente serí­a bonita, y alegre. Después de cruzar dos calles, que podrí­an ser la misma, giró en la tercera a la izquierda y se detuvo en el segundo portal.

Abrió el bolso y empezó a buscar las llaves. Siempre lo mismo. Se lamentó de no haberles puesto un cordón como habí­a resuelto mil veces. ¡Por fí­n, las llaves!. Atravesó el angosto portal y empezó a subir. Como de costumbre, encendió la luz de las escaleras en el primer rellano y continuó el ascenso.

Corrector de ojeras

24 de Junio de 2006

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Conversaciones con Kaplan (4)

23 de Junio de 2006

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G.K.- …no acepto que nadie me dé lecciones.

N.E.N.S.L.E.- Se le ha vinculado con Roger O. Thornhill…

G.K.- Y con muchos otros.

N.E.N.S.L.E.- Usted ha dicho que ha trabajado con los mejores ¿Está incluido O. Thornhill en ese privilegiado grupo?

G.K.- Desde luego. Aunque era un tipo con mucha suerte. Sin ella en esta profesión no vives para contarlo. Pero también era un “pájaro”. Y muy listo. En una ocasión salvó el pellejo montándola en una subasta de arte para que la policí­a le librase de un mal peor. El problema fue luego librarse de la “pasma”. Nunca me dijo como lo consiguió, pero supongo que tuvo mucho que ver aquella rubia que se gastaba…

Más enfermo de verano

22 de Junio de 2006

Congestión y descongestión nasal: no salgo de casa sin mi rollo de papel de cocina.

Nadie

22 de Junio de 2006

Abro la puerta.
Descubro que no hay nadie
fuera ni dentro.

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“La vida en llamas”
Luis Alberto de Cuenca
Colección Visor de Poesí­a, 2006

Enfermo de verano

21 de Junio de 2006

El tema os será, supongo, familiar: los catarros de verano. Analicemos, pues, sus causas: el autobusero y El Corte Inglés.

El autobusero. Después de esperar el autobús más de media hora al sol, lo que provoca una cierta humedad hasta la altura de los tobillos, ahí­ llega nuestro hombre. Gafas de sol, camisa abierta para lucir el oro y Radio Olé. Eso sí­, pese a la refrigeración torácica, necesita bajar la temperatura. ¡Pero si lleva a los abuelillos congelados, como Walt Disney! Y por el precio de un abono transporte.

El Corte Inglés. Que hay que refrigerar hasta los 15 grados un centro comercial de más 5000 m2, pues se hace. ¡Que se note dónde están los duros!. Así­ que tenemos a las empleadas tan tiesas que ni se mueven. ¿Habéis preguntado el precio de unos zapatos a un maniquí­?

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Paso a enumerar las consecuencias por orden de aparición.

Tobogán térmico: dí­cese de la acción o efecto de pasar de repente de la “combustión espontánea” a “mamá, ese señor se parece mucho a Drácula”.

Dolor extremo de garganta, o como dirí­a un castizo, “oye, chata, ¿esto que hemos comido era merluza o piraña?”.

Sensación de desvanecimiento, digo fallecimiento: serí­a un golpe de efecto que ocurriese en el curro ¡eh!.

Y por último, noches en vela o en vilo: recordáis cuando no dormí­amos pensando en nuestro “amor”, pues es lo mismo pero acordándote del Autobusero.

Me siento fatal. :(